Españolista, provinciana y hostil... ¿es Madrid una capital europea?

He viajado, recientemente, a Madrid.
Me apetecía, además, realizar ese viaje para poder utilizar la recientemente inaugurada Estación del AVE de Tarragona, que ni es AVE, porque no llega a los 300 Km/h todavía, ni está en Tarragona, sino perdida en un pueblo del interior de la región tarraconense, a unos 20 minutos en coche desde el centro de la capital. Vamos, como si fuera un aeropuerto, más que una estación de tren. (Ya hablaré y criticaré en otro momento la ignominiosa actuación de Fomento para y con Tarragona).
La cuestión es que he regresado bastante apesadumbrado como consecuencia de la nefasta impresión que, una vez más, me ha causado visitar la capital del Estado. Madrid no sólo no avanza en su más que urgente necesidad de europeizarse, modernizarse y “cosmopolitizarse”, sino que –en mi modesta y personal opinión, obviamente- retrocede a marchas forzadas en ese empeño –de cuya existencia real cada día dudo más-.
Aunque un episodio anecdótico como el que voy a relatar no pueda servir para sostener una afirmación concluyente y definitiva (podría contar otros hechos tales como miradas de desaprobación por hablar en catalán, de terceras personas ajenas a la conversación, pero me centraré en uno sólo), sí es perfectamente ilustrativo de la sensación con la que el visitante forastero regresa de Madrid.
La cuestión es que me dirigí a un kiosco céntrico a comprar la prensa y pedí El País y 
Sin embargo, tuvo mala suerte el anciano franquista porque vino a toparse con alguien que no iba a amedrentarse ante su muestra de incultura, incivismo y fascismo españolista desaforado. No obstante y aunque empleé un tono educado y civilizado cuando me dirigí al interfecto, la mujer que le acompañaba se lo llevó de allí tirándole del brazo (aunque sin demasiada resistencia del viejo –no sé si me explico), mientras le decía: “Vamos, vamos, Ángel… ¿No ves que este catalán lleva corbata?” – Confieso que la surrealista expresión de la anciana consorte me dejó estupefacto y aún he sido incapaz de alcanzar a entender qué oscuros pensamientos podridos perturbaban aquellas seniles mentes.
En un artículo muy comentado del New York Times, Sarah Wildman escribía: “Pobre Madrid. Anclada en la mitad de España, durante mucho tiempo la ciudad ha sido vista como la hermana aletargada y provinciana de Barcelona.” Invito a la lectura -y a la preceptiva reflexión- de este interesante artículo en El País, al respecto, porque las cosas, lejos de evolucionar a mejor…
Prefiero Barcelona a Madrid, indudablemente, por una infinidad de razones. Realmente, prefiero a muchas otras capitales europeas antes que Madrid por esa misma infinidad de razones. Pero esta opinión subjetiva y personal que manifiesto públicamente -con serenidad y educación, obviamente-, parece ser compartida por otros europeos. Según el Informe 2006 del Observatorio Barcelona, que recoge 45 indicadores económicos de la ciudad para conocer su competitividad internacional en el entorno europeo, la capital catalana se sitúa en los puestos "altos" de aquellos parámetros más relevantes. Así, Barcelona se ha convertido en la cuarta mejor ciudad europea para los negocios, después de superar en el último año a Bruselas y es, asimismo, la primera ciudad europea en índice de calidad de vida.
Barcelona sigue siendo una gran capital europea, paradigma de prosperidad, de vanguardia, de progreso, de modernismo, de europeidad, de cosmopolitismo,… Y ese AVE lento, caro y mal ubicado se ha encargado de, una vez más, ponerlo de manifiesto.
Y no me resisto, finalmente, a invitaros a ver este video de Joan Manuel Serrat, en plena dictadura franquista, aunque quedaba ya poco tiempo para que el enano y genocida dictador iniciara su bien merecido proceso de putrefacción. Años 70, Parque de atracciones de Madrid y un Serrat, represaliado por el régimen dictatorial, habiendo regresado de un exilio forzado, se dirigía al respetable madrileño entonando una bella aunque melancólica canción catalana. Me pregunto si hoy recibiría esos aplausos...




Como recogen 






